La implementación del proyecto una computadora por alumno en la Argentina rompe con la idea de considerar a la escuela como único modo de producción de aprendizajes, trascendiendo el lugar físico institucional. Que el alumno se mueva en distintos contextos con su laptop hará que se den interconexiones imprevisibles y que se desdibuje el límite entre la educación formal y no formal. Según la mirada de Nicholas Burbules “a medida que el aprendizaje se vuelve más social y colaborativo cambia la motivación de los estudiantes”, y ésto es muy interesante ya que en más de una oportunidad escuchamos decir a los chicos que se aburren y hoy se les ofrece un instrumento que los puede curar de ese mal. El miedo surge entonces para el docente pues tiene que cambiar su metodología, actualizando y reformando su enseñanza, corriendo el riesgo incluso de que en caso de no hacerlo los estudiantes busquen y encuentren mejores propuestas educativas en otros ámbitos. Habrá que plantearse qué docentes estamos formando para el futuro y reformular su formación.
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